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Entornos  enriquecidos, cerebro y stress La vida moderna y su vértigo, las inestabilidades de nuestro país, el individualismo actual y muchos otros factores externos, se alían a nuestros conflictos internos, tales como la lucha de “lo que debo” vs. “lo que quiero”, las señales angustiosas, las exigencias y los enredos emocionales… Los problemas que arrastramos, “acariciamos” y no le damos el cierre o la solución definitiva… Todo esto nos despierta el stress, la ansiedad que en grados crecientes puede llegar al distress, los trastornos del sueño, las manifestaciones orgánicas, la irritabilidad y la mala gestión de nosotros mismos y nuestras relaciones con los demás. Así decimos: “Me siento mal”, “me falta el aire”, “no doy más”, “estoy pasado”, “tengo un nudo en el pecho”, y muchas frases que todos conocemos… Sentimos que baja nuestro rendimiento, que perdemos el control, que nuestro cuerpo lo avisa y padece. Cuando la cosa “pasa de castaño oscuro”, se alteran los indi...
Después de los 50´ . Los cambios de década, suelen ser momentos  significativos. Saben generar reflexiones, replanteos, “depresiones” y preguntas varias… Hoy veamos algunas particularidades que frecuentemente traen los 50´. Quiero empezar destacando el valor de la experiencia. Si en esta sociedad de vidas espléndidas y caras de Facebook, hay una absurda carrera por “no envejecer”, no conozco a nadie que reniegue del valor de lo aprendido a lo largo de la vida. “Ya sabemos cómo hacer…”: Vincularnos, usar dinero, resolver problemas, estudiar, hacer cambios, cuidarnos, reír y abordar miles de cotidianeidades. Hemos mayoritariamente, resuelto y aprendido de básicas cuestiones que fueron muy difíciles en otras etapas: tenemos dónde vivir, fuimos padres, tenemos familia, redes, sabemos trabajar, conocemos nuestra identidad sexual y sabemos movernos en nuestra sociedad. Tenemos pareja y sino, podemos abordar la posibilidad de nuevas relaciones con menores exigencias y ...
Aquellas cargas del pasado que retornan… A menudo, recuerdos e intríngulis de dolores pasados retornan a nuestra memoria y reviven angustias y emociones a la par que despiertan replanteos, reproches y revisiones varias. Pasan por nuestra mente repetidas escenas, frases y desenlaces que rumiamos de nuevo, con voluntad o “caprichosamente”. Vacíos, rupturas, soledades, enfrentamientos, bloqueos… Culpas, vergüenzas, mentiras, defraudaciones y más… A veces manifestamos deseos de que ese tormento cese, que los recuerdos “nos dejen en paz” y que los fantasmas se retiren de una vez y para siempre!!! Ya. El costo energético de esas cargas es enorme y perturba y limita el presente y la plenitud. Y hay sufrimiento repetitivo. Veamos hoy otra mirada posible: Vamos primero a “amigarnos con los recuerdos”. Estos son nuestros y parece que elegimos recordar y revisar otra vez ciertas cosas. Si nos hacemos cargo de esta revisión, podemos acceder a unas preguntas bisagras , qu...

…Y no nos gusta que nos manipulen!

…Y no nos gusta que nos manipulen! Nuestro niño interior, tiene necesidades tan básicas como son el oxígeno y el alimento; y su atención diaria, signa nuestro transcurso durante toda la existencia. Así como necesitamos el agua y la comida, necesitamos todos, afecto y valoración , un abrazo y un aplauso , para seguir adelante. Adultos, ancianos y jóvenes, locales y foráneos, todos necesitamos aire, alimento, agua, afecto y valoración…diariamente, ayer…hoy… y mañana. Nuestro niño interior, carente y necesitado, ante la amenaza de no recibir lo necesario, comienza a utilizar conductas heredadas, aprendidas o inventadas, más o menos   conscientes o inconscientes, para calmar las necesidades emocionales. Así “jugamos” a desvalidos, seducimos de algún modo, compramos con dinero u objetos, llamamos la atención, sugerimos sin decir, exigimos, culpamos o presionamos…etc…etc… intentando obtener de los otros, la respuesta deseada. A estos comportamientos, los llamamos ...

La grieta

                                                                 La grieta “Pasta o carne?” dicen en los aviones.  “Boca o River”? dicen en las tribunas.                            “Celestes o verdes…?”. “Federales o unitarios?”, “Rosistas o antirosistas?” …para no ahondar en ejemplos más recientes.    Menú uno o dos?, Combos preformados. La tendencia es a uniformar. A restringir la posibilidad de elegir, de pensar, de ser…           Atraparnos en opciones troqueladas que cercenan la libertad y acotan lo diverso. Se necesita un mundo binario, para que sea má...

Transponiendo los cuarenta..."El siete de oro"

Transponiendo los cuarenta… El siete de oro Pasados los 40 años, más o menos, un chequeo, un dolor o alguna señal rara en la salud, nos lleva a la consulta médica. Allí, cualquiera haya sido el motivo de comienzo, hacia el final de la consulta el Doctor nos espeta en distinto orden, la fórmula magistral: “Reduzca la sal, ingiera menos grasas, realice actividad física, deje de fumar, modere el consumo de alcohol, evite el stress y baje de peso.” Es lo que llamo aquí: “ el siete de oro ” Si hasta ese momento habíamos gambeteado algunas cuestiones que suelen traer el paso de los años, como un balde de agua fría, nos anoticiamos de pronto del fin de la juventud… Con ella, se va nuestra creencia omnipotente, arrastrando también la remanida postergación de metas para “más adelante”, o para “cuando sea grande…” Cabe aclarar a esta altura que aquellos consejos médicos son útiles, dan resultados y cada vez más se recomiendan a personas de edades menores. Pero aquí me estoy...

La asistencia del “niño interior”.

El niño interior, aquel aspecto emocional, sensible, vulnerable y trascedente de nuestro ser, es universal. Se manifiesta con palabras sencillas y comprensibles para cualquiera: Tengo miedo, te quiero, me siento solo, estoy feliz… Aceptada y registrada, la existencia de este niño en nuestro ser, observamos que frecuentemente lo situamos en el centro de nuestro pecho y nos permite responder con ese registro, a la pregunta: ¿Qué sentís? Así nos reconocemos carentes, necesitados, vulnerables y hambrientos de dos necesidades esenciales y permanentes: Necesitamos afecto y valoración. Yo. Tu, ella...los chinos, romanos y sefaradíes…revolucionarios, antiguos y nómades…capitalines y provincianes… Todos iguales en esas necesidades: Un abrazo y un aplauso. Estas breves palabras sintetizan mucho de nuestro avatar cotidiano. Salimos al mundo a asistir recíprocamente nuestros niños interiores. A buscar día a día la atención de esas dos carencias, hagamos lo que hagamos y estemos...