¿Mandatos... deseos?
En nuestra
historia y nuestro desarrollo, la cultura, los padres, los maestros y la
educación, van cimentando nuestra integridad personal.
Algunos de estos
contenidos, aparecen en forma de mandatos.
Estos son
instrucciones ajenas para determinados procederes, sean más o menos conscientes
o inconscientes.
De origen
externo, son incorporados luego como internos. Los “escuchamos” cómo órdenes
interiores, a menudo en segunda persona.
Sentimos los mandatos
como preceptos imperativos, enunciados con: “Hay qué …” “Deberías”, “cállate”.
No consideran el
deseo o la voluntad, y se asumen con carga y a disgusto, pero… “tienen que
cumplirse”.
Al realizarse,
dejan alivio, cansancio, y baja energía. Se llevan a cabo, pero no suelen
resultar gratos.
De otro orden,
desde el nacimiento, desde lo biológico, lo instintivo o de lo que de ellos queda
cuando vamos creciendo, de los gustos, necesidades o afinidades, surgen los deseos.
Así, lo que se
hace por deseo, por gusto, lo llamamos “lo que quiero”.
Esto enciende,
entusiasma y aumenta el placer y la energía.
Se disfruta aun cuando, a veces, conlleva un costo o se deja algo en el camino.
Es importante
también, no confundir entonces, lo que no deseo con la procrastinación, en las
ocasiones en que el posponer, es manifestación de que, en realidad, no
quiero algo y estoy entonces, “postergando” un deber indeseado.
La relación
mandato - deseo es tirante, hay lucha, hay dos o más en pugna en nuestro
interior, y como suele ocurrir, el cuerpo lo registra y nos lo avisa.
Muchos mandatos
se aceptan e incorporan y se amalgaman con los deseos. Quiero lo que debo, o lo
que “hay que hacer” me atrae.
No hay tensiones
allí.
El punto clave es
la presión cuando hay controversia. Podemos llegar al agotamiento, al hartazgo,
a la máxima tensión.
En algunas
ocasiones, la pelea llega a ser dramática y grandes estallidos pueden torcer la
balanza bruscamente…
¿Si hago lo que
debo? Me alivio, en el mejor de los casos. Pero no me satisfago.
Si hago lo que
quiero, dejo el deber. ¿Podré sentir culpa, vergüenza o recibir censuras o
castigos?
Y frente a esto,
vacilamos…
Una variante
suele ser la rebeldía, el oposicionismo ciego a cualquier mandato.
Tampoco allí hay
espacio para la libertad de elegir, no hay espacio para lo que quiero, es solo
el rechazo a cualquier imposición.
Lo que se opone,
lo contrario a lo impuesto, no siempre me expresa ni representa.
Una profunda
escucha interior y una sana coordinación entre ambos, mandato y deseo, puede
ayudar a despejar nuestro entendimiento.
Los mapas pueden estar ya viejos, caducos y mi
crecimiento y las épocas invitan a recalcular.
A nuevos
abordajes creativos.
¿Cómo encontrar
un camino hábil para mis deseos en negociación interna con mis deberes?
¿Dejar los
deberes para siempre? … ¿Dejar los deseos para siempre?...
No parece, ¿no?
Tal vez la clara
conciencia, el darse cuenta, y la protagónica síntesis de hacernos cargo de nuestras
dos polaridades en pugna, alumbre una decisión propia, sensata e integrada para
cada presente, una síntesis auténtica, que el cuerpo registra con plenitud de
unificación.
No hay
instrucciones, ni reglas, ni soluciones únicas. Es hora de un verdadero
crecimiento para mí particularísima suma y singular integración.
A veces
inmediata. Sencilla. A veces amasada, madurada.
No siempre con
acierto. Pero en todo caso, a reconsiderar en una nueva ocasión.
Solo puedo tomar
para mí y para hoy, mi mejor decisión, y será el cuerpo y sus sensaciones, el
que me guíe para saber cuándo el rumbo es adecuado y por fin resuelvo y cesa la tensión.
Dr.
Claudio Casas, Psiquiatra y Terapeuta Gestáltico Claudiocasas2186@gmail.com
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